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19 septiembre, 2018 Comentarios desactivados en Sepultadas entre telas, cemento y máquinas de costura Ideas

Sepultadas entre telas, cemento y máquinas de costura

A un año del derrumbe en Chimalpopoca/CIMACFoto: Anayeli García Martínez

Por Lucía Lagunes Huerta/Cimacnoticias

La orfandad les abrazó hace un año, cuando el edificio en el que laboraban sus madres se vino abajo y ellas quedaron sepultadas sobre toneladas de cemento, telas y maquinaria de costura.

En el avatar de su whatsapp, se lee “hay luto en mi corazón, duele aceptar tu muerte, es difícil decirte adiós, no sé si podré”. La frase cumple un año, Jessica, hija de Irma Sánchez Ramírez lo puso cuando confirmaron que su madre había muerto en el predio ubicado en Simón Bolívar y Chimalpopoca.

Para Salvador, el dolor sigue ahí. Este lunes partió a Hidalgo al cementerio donde enterraron a Irma Chávez Martínez. Lleva un año sin pasar por el lugar donde su madre trabajó en “la fábrica de costura”, como se le identificó, pero en realidad era un pequeño taller de “Línea moda Joven”, donde se realizaban algunas reparaciones y se almacenaban telas.

De acuerdo con documentos rescatados entre los escombros siete empresas estaban en el edificio de cuatro pisos: Línea Moda Joven, S.A. de C.V; ABC Toys Company S.A de C.V; Dashcam System, Regalomex; Comercializadora Mextoy, S.A. de C.V.; Florina y Seo Young Internacional S.a. de C.V.

La ayuda nunca llegó

Hace un año, no sólo se derrumbó el edificio ubicado en Simón Bolívar 68, para Jessica y Salvador, se derrumbó la estabilidad de sus vidas. De la ayuda que prometió el gobierno de la Ciudad de México, no se supo nada, ni siquiera los buscaron.

De los dueños, quienes aseguraron que habían apoyado a las familias, ni les dieron la cara.

Cuando se le pregunta a Salvador si llegó la ayuda el coraje le aflora; “no necesito su cochino dinero”.

“Por tonto, la dejé trabajar, y no es que yo le diera permiso, yo quería que ella hiciera lo que quisiera, pero si no hubiera entrado a trabajar, estaría aquí”.

A Irmita, como le decía su hijo Salvador, con quien vivía, le gustaba ser independiente, ganarse su dinero, por eso buscó entrar a trabajar, aunque no le faltara nada.

Para él, la orfandad de su madre lo tiene herido, “éramos una familia chiquita, y me quedé solo”.

Aunque trabaja muy cerca de donde trabajaba su madre, Salvador evita pasar por ahí, no quiere hablar del tema y prefiere alejarse de la ciudad.

La historia

El 19 de septiembre del 2017, el predio de Bolívar 68 revivió el dolor, no habían pasado seis horas de la conmemoración de las costureras fallecidas en el terremoto de 1985 cuando la tierra volvió a cimbrar la Ciudad de México.

Al saber que en Bolívar y Chimalpopoca había costureras, la solidaridad, la exigencia de no repetición y la ausencia de información provocó caos y angustia, por no saber cuánta gente trabajaba en el lugar y cuántas personas quedaron atrapadas.

La historia se repitió como en el 85: telas, maquinaria, herramientas y drones fueron rescatados antes que las personas.

Los escombros del edificio que ocupó el predio en Bolívar 68 siguen ahí, al igual que las pintas elaboradas en memoria de las mujeres fallecidas en el lugar, las dos Irmas que en vida fueron amigas y murieron juntas un 19 de septiembre de 2017.

 

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