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28 octubre, 2017 Comments (1,758) Campeche

“La poesía es el mayor ejercicio de la libertad”: Vicente Quirarte

El escritor y académico de la UNAM recibe un reconocimiento a su trayectoria en el marco de la Feria Nacional del Libro y Arte Universitario de la UAC y ahí resalta: “Escribimos poemas porque no tenemos otro remedio, y si alguno de ellos toca fibras del otro o conquista su corazón, hemos triunfado”.

Por Daniel Sánchez

CAMPECHE, Cam. 28 de octubre del 2017.- “Entre sus múltiples lecciones, Rubén Bonifaz Nuño me enseñó que la poesía es el mayor ejercicio de la libertad, porque nadie nos obliga a escribirla. Nadie paga por ella. Escribimos poemas porque no tenemos otro remedio, y si alguno de ellos toca fibras del otro o conquista su corazón, hemos triunfado más que en otros oficios, en apariencia, más lucrativos”, expresó el escritor Vicente Quirarte.

“El poeta es tan necesario como el médico o el arquitecto, aunque su trabajo no se aprecie de manera inmediata. El mundo avanza gracias a la voluntad de esa minoría de lobos esteparios que recuerdan a la humanidad su condición miserable y gloriosa”

“El poeta es tan necesario como el médico o el arquitecto, aunque su trabajo no se aprecie de manera inmediata. El mundo avanza gracias a la voluntad de esa minoría de lobos esteparios que recuerdan a la humanidad su condición miserable y gloriosa”, puntualizó el también académico de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Al recibir un reconocimiento de la Universidad Autónoma de Campeche (UAC), en el marco de la Feria Nacional del Libro y Arte Universitario, Quirarte -a través de la escritora campechana, Enzia Verducci, ya que no pudo asistir por una urgencia médica familiar-, dijo que este reconocimiento está destinado a un escritor y señaló que lo aceptaba “con humildad y el enorme respeto que tengo a esa palabra”.

“Cierto, la escritura es parte sustancial de mi vida, pero nunca me he considerado un escritor. El secreto de la permanencia es la resistencia, y una y otra vez repito y hago por tanto míos aquellos versos de Luis Cernuda:

“Tú no sabrás cómo domo mi miedo

“Para hacer de mi voz mi valentía”, indicó.

“Lo importante del trabajo que nos corresponde reside, precisamente, en ocultar el miedo, en aceptarlo. Sólo entonces seremos en verdad valientes. Sólo entonces nuestras palabras tendrán la autenticidad que permite compartirlas. Una de mis primeras colecciones de poemas lleva por título Vencer a la blancura. Su tema es la imposibilidad de decir lo que otros han escrito mejor. Pero el libro habla también sobre la necesidad y la necedad de combatir con dignidad y conocimiento”, recordó.

La misma Enzia Verducci recibió el reconocimiento de manos del rector de la UAC, para hacérselo llegar a Vicente Quirarte.

Palabras del escritor Vicente Quirarte, en el homenaje que le rindió la Universidad Autónoma de Campeche, durante la Feria Nacional del Libro y Arte Universitario 2017.

Excelentísimo Señor Rector de la Universidad Autónoma de Campeche

Don Gerardo Montero Pérez;

Distinguidas autoridades;

Queridos amigos:

Este reconocimiento es a la lealtad, la fe y la constancia de un hombre de 32 años que en el verano de 1986 trasponía el umbral del Instituto Campechano para dar clase de español y literatura al grupo de alumnos del Austin College con el que había llegado a este rincón de la Sueva Patria. Él es quien les habla ahora y que en una sola palabra pretende abarcar la emoción que lo embarga: gracias. Gracias en primer término a quien me regaló Campeche. Entre los múltiples tesoros que me descubrió o compartió, el enorme doctor Nelson de Vega me trajo por primera vez a esta ciudad. San Francisco de Campeche, con todas sus letras, olores y sabores. Con su historia de héroes y piratas, con sus baluartes y cañones, con su prodigiosa cocina, hija del mar y de la tierra. Campeche. Noble y leal por su historia, pero sobre todo por su gente.

En Nelson hallé a un segundo padre que me dio seguridad y aplomo no sólo para resistir la vida, sino para disfrutarla en plenitud. La felicidad es consuelo de mediocres. Lo que Nelson nos enseñó es que la alegría es una vocación, un aprendizaje que es preciso practicar, como escribió el poeta, los ochenta minutos de la hora. Pocas veces he sido tan pleno como aquella ocasión en que hicimos el viaje por autobús del aeropuerto de Campeche al corazón de la ciudad: nos acompañaban la juventud, la risa y el presente, lejos de los zarpazos de la sombra.

Para evitar el riesgo de parecer ingrato, no menciono por su nombre a todas las querencias campechanas que aquí me hacen sentir como en una segunda casa y hacen de la segunda, la primera. En la generosa sabiduría del doctor Manuel Gantús se resume la caballerosidad y entrega de los campechanos, siempre con el corazón abierto para quien les ofrece sinceramente el suyo. No es obra de la casualidad que el adjetivo campechano signifique, en una de sus acepciones, el que practica la vida con una vocación sencilla y gozosa, el que encuentra la mayor felicidad en procurar la de los otros.

Me honra que este acto tenga lugar en un espacio que lleva el nombre de Justo Sierra Méndez. El hecho me brinda oportunidad de citar a mi padre, lo cual siempre hago a la menor provocación. Todo universitario bien nacido tiene sobrados motivos de admiración por su fundador. Pero gracias al maestro Martín Quirarte conocí la prosa exigente y castigada de Sierra, su contundencia en el concepto, su fe en la educación y la historia, su convicción de que todo lo anterior de nada sirve si no contribuye a elevar la dignidad humana. Justo Sierra, el niño que fue testigo de la actuación oratoria de Ignacio Manuel Altamirano y desde entonces comprendió que hay que tener un principio en lugar de corazón; el joven poeta que puso su energía para denostar al invasor extranjero o despedir a su compañero Manuel Acuña; el adulto vigoroso que contribuyó con su talento a construir la patria, a cimentar el triunfo del discurso de las letras sobre el discurso de las armas.

Este reconocimiento que otorga la Feria Nacional del Libro y Arte Universitario está destinado a un escritor. Lo acepto con humildad y el enorme respeto que tengo a esa palabra. Cierto, la escritura es parte sustancial de mi vida, pero nunca me he considerado un escritor. El secreto de la permanencia es la resistencia, y una y otra vez repito y hago por tanto míos aquellos versos de Luis Cernuda:

Tú no sabrás cómo domo mi miedo

Para hacer de mi voz mi valentía

Lo importante del trabajo que nos corresponde reside, precisamente, en ocultar el miedo, en aceptarlo. Sólo entonces seremos en verdad valientes. Sólo entonces nuestras palabras tendrán la autenticidad que permite compartirlas. Una de mis primeras colecciones de poemas lleva por título Vencer a la blancura. Su tema es la imposibilidad de decir lo que otros han escrito mejor. Pero el libro habla también sobre la necesidad y la necedad de combatir con dignidad y conocimiento. Entre sus múltiples lecciones, Rubén Bonifaz Nuño me enseñó que la poesía es el mayor ejercicio de la libertad, porque nadie nos obliga a escribirla. Nadie paga por ella. Escribimos poemas porque no tenemos otro remedio, y si alguno de ellos toca fibras del otro o conquista su corazón, hemos triunfado más que en otros oficios en apariencia más lucrativos. El poeta es tan necesario como el médico o el arquitecto, aunque su trabajo no se aprecie de manera inmediata. El mundo avanza gracias a la voluntad de esa minoría de lobos esteparios que recuerdan a la humanidad su condición miserable y gloriosa.

En estas calles de Campeche adquirió cuerpo el fantasma de Aníbal Egea, quien me enseñó que Vivir es escribir con todo el cuerpo. En la luminosa sordidez de la cantina Ojo de Pulpo me curé, sin saberlo entonces, del desamor, y aprendí que las más nobles heridas, aquellas que merecen ser curadas, son las que sentimos en el alma. Muchos años han pasado desde entonces. Permanece, inalterable, la convicción de que la página escrita mañana tendrá menos imperfecciones que la forjada hoy, con la esperanza de que resista el paso de los años. La Universidad ha creído en las palabras de este escriba que ahora encuentra la ocasión propicia para expresar su más honda y sincera gratitud. Larga vida a Campeche. Larga vida a su Máxima Casa de Estudios.

 

San Francisco de Campeche, 24 de octubre de 2017.

 

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